
Pensar es una función natural de la mente. El problema aparece cuando los pensamientos se vuelven repetitivos, intensos y difíciles de detener. A esto se le suele llamar sobrepensamiento o rumiación mental, y es muy común en personas que viven con ansiedad, estrés…
Cuando tu mente entra en este ciclo, intenta encontrar soluciones o anticiparse a posibles problemas. Sin embargo, en lugar de resolverlos, termina atrapada en un bucle de pensamientos que aumenta el malestar.
La buena noticia es que existen prácticas simples que pueden ayudarte a salir de ese sobrepensamiento y calmar tu sistema nervioso.
A continuación encontrarás 5 ejercicios terapéuticos que pueden ayudarte cuando sientes que piensas demasiado.
1. Vacía tu mente en un papel
Cuando tu mente está llena de pensamientos, intenta escribir sin parar durante 10 minutos todo lo que esté pasando por tu cabeza.
No te preocupes por la ortografía, el orden o si lo que escribes tiene sentido.
Simplemente deja que los pensamientos salgan, sin filtro.
Esta práctica es sencilla pero muy efectiva porque saca los pensamientos de tu mente y los pone fuera de ella.
Cuando los pensamientos quedan escritos, tu cerebro ya no necesita mantenerlos activos todo el tiempo. Esto suele producir una sensación de alivio mental y mayor claridad.
Este ejercicio está relacionado con lo que se conoce como escritura expresiva, una técnica que ayuda a reducir la rumiación y a organizar mejor las emociones.
2. Activa tu cuerpo para cortar el ciclo de pensamientos
Cuando piensas demasiado, tu mente está hiperactiva.
Para bajar esa hiperactivación, pon a tu cuerpo en movimiento.
Puedes probar con actividades simples como:
- caminar durante 15 o 20 minutos
- Hacer unas sentadillas, flexiones…
- Hacer unos estiramientos dejándote llevar por lo que necesite tu cuerpo
- Bailar
- Cantar
- Hacer algo con tus manos: pintar, hacer macramé, punto…
- Ordenar un espacio
- Cocinar
Mover tu cuerpo ayuda a interrumpir el bucle mental y regular tu sistema nervioso.
Intenta hacerlo sin pantallas. El móvil o las redes sociales pueden distraerte momentáneamente, pero no ayudan a que tu mente realmente descanse.
3. Vuelve a sentir tu cuerpo
Cuando piensas demasiado, gran parte de tu energía está atrapada en tu mente.
Por eso puede ser muy útil volver a conectar con las sensaciones físicas.
Prueba este ejercicio simple:
- coloca tus manos sobre tu cabeza, y deja que su peso descanse sobre tus manos.
- respira profundamente durante uno o dos minutos
- presta atención a las sensaciones de tu cuerpo
Puede parecer algo muy simple, pero este tipo de ejercicios ayuda a tu sistema nervioso a recordar que estás aquí y ahora.
Cuando tu cuerpo se calma, tu mente también empieza a desacelerarse.
Este tipo de prácticas de anclaje o grounding, que ayudan a reducir la ansiedad y a salir del exceso de pensamiento.
4. Graba un audio con todo lo que te preocupa
Cuando tu mente está llena de pensamientos, graba una nota de voz diciendo todo lo que te preocupa en ese momento.
Habla sin filtros, sin analizar lo que dices.
Simplemente deja que los pensamientos salgan.
Luego guarda el audio y escúchalo 24 horas después.
Esto te permite observar tus pensamientos y analizarlos desde afuera, en lugar de quedar atrapado dentro de ellos.
Muchas personas descubren que, al escuchar sus preocupaciones más tarde:
- algunos pensamientos ya no parecen tan graves
- ciertas ideas suenan exageradas
- la intensidad emocional disminuye
5. Escribe al final del día tres cosas por las que estás agradecido
Cuando sientes ansiedad o preocupación, tu mente tiende a buscar constantemente problemas o amenazas.
Sin embargo, este mecanismo también puede hacer que tu mente ignore todo lo que sí está bien o es seguro en tu entorno.
Para equilibrar esto, prueba a escribir cada día tres cosas por las que sientes gratitud.
No necesitas buscar grandes cosas. Pueden ser momentos pequeños, como:
- una conversación agradable
- un momento de calma
- algo que salió mejor de lo que esperabas
El objetivo no es obligarte a ser positivo y desconectarte de tus miedos, sino ser consciente también de lo que está bien en tu vida.
Por qué la terapia Gestalt puede ayudarte especialmente si piensas demasiado
Muchas personas que piensan demasiado viven principalmente en su mente.
Analizan todo. Este exceso de análisis suele generar desconexión de nuestro cuerpo: de nuestras emociones y de nuestras necesidades.
La terapia Gestalt puede ser especialmente útil en estos casos porque propone algo diferente:
volver a la experiencia del presente.
Además de dar un lugar a los pensamientos, la Gestalt te invita a:
- prestar atención a lo que estás sintiendo ahora
- Identificar tus emociones
- conectar con tu cuerpo
- expresar lo que necesitas
Cuando empiezas a prestar atención a tu experiencia presente, empieza a aparecer una experiencia más completa, donde mente, cuerpo y emoción vuelven a estar conectados.
Con el tiempo, muchas personas empiezan a notar que pueden:
- sentir sin quedarse atrapadas en la mente
- tolerar mejor la incertidumbre
- escuchar más su cuerpo
- vivir más en el presente
Y cuando eso ocurre, algo empieza a cambiar: la mente deja de correr todo el tiempo.
No necesitas dejar de pensar para sentir calma
Pensar es una función necesaria y natural de tu mente.
No necesitas eliminar tus pensamientos para sentirte mejor.
Lo que realmente ayuda es enseñarle a tu sistema nervioso que puede salir del estado constante de alerta.
Cuando tu cuerpo empieza a sentirse seguro, tu mente también aprende que puede detenerse.
Y en ese espacio aparece algo que muchas personas habíamos olvidado:
la posibilidad de descansar mentalmente.
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